Se reorganiza el Nuevo Orden Mundial en Chile

Las elecciones del año pasado en Chile que le dieron de nuevo el poder político a Michelle Bachelet, han cumplido ya con el cambio de mando, se aleja Sebastian Piñera y entra de nuevo en escena la ex presidenta. Pero ¿Qué cambia con esto? Nada.

El movimiento social de Chile que impulsaron ciertamente los estudiantes conscientes fue quien barrió a los liberales para que la social-democracia tuviera que entrar de nuevo, en este marco vuelve Bachelet. El caso es que en la esfera ético-política ha habido un gran cambio en Chile y los movimientos sociales tienen quienes lo representen en el gobierno ahora, la situación a cambiado y la burguesía se ve en obligación de ceder mucho para seguir con su hegemonía de clase. Ahora la pelea no será solo desde la calle, sino también desde el Estado, la clase obrera ha conseguido una trinchera muy importante en la guerra de posiciones.

Chile avanza.

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El Partido Comunista ha conseguido seis bancas en el congreso, duplicando así su participación. La alianza que mantiene con el PS y demás miembros de la Nueva Mayoría (ahora en el gobierno) le da el lugar de co-gobernar Chile. Participará en el gobierno, integrará el gabinete, presidirá nueve comisiones en el poder legislativo y participará en dieciocho ¿El programa? Educación gratuita, nueva constitución, reforma tributaria, fin del bipartidismo (binominalismo) y demás reivindicaciones obreras.

Los seis que integran la bancada comunista son Hugo Gutierres Gálvez, Lautaro Carmona Soto, Daniel Nuñez Arancibia,Camila Vallejo Downing, Karol Cariola Olivia y Guillermo Teillier.

¿Es alentador el panorama? Sí. Porque la social-democracia es la mano izquierda del sistema, por lo que muestra un rostro mas humano, es la condición de ceder algunos derechos para seguir dominando a la sociedad, cumpliendo la clase dirigente (burguesía) una doble función: por un lado una dictadura de clase que ejerce una opresión de forma sistemática mediante la explotación laboral a través de las relaciones de producción que configuran la estructura económica, y por otro, una dirección moral e intelectual de la sociedad mediante las súper-estructuras que componen la dimensión ético-política de la sociedad y la económico-corporativa.  Pero para poder garantizar estas súper-estructuras que son las que sostienen al sistema, la burguesía se ve en la obligación de seder algunas cosas, y para esto y para seguir haciéndonos creer que hay democracia, es que a veces mandan a los social-demócratas.

Bachelet cumple esta función, y depende de la presión de los movimientos sociales y del partido Comunista que esta tenga que ceder mas o menos en la lucha de clases, como gerente que es de los banqueros y la elite.

Esta guerra de posiciones se ha inclinado claramente en favor de la clase obrera luego de la elección, aunque sabemos que quien manda aún es la burguesía. Para que esta clase dictadora pueda embestirse de la hegemonía que posee necesita ser también dirigente, para eso no solo tiene que tener la represión y el poder de oprimir e imponer, sino que también tiene que tener consenso, un consenso tal que hace que los borregos marche solos al matadero sin que haya que llevarlos a la fuerza. Para que este fenómeno de esclavitud consentida se de (como se da en el capitalismo) hace falta el consenso que solo se logra si las clases subalternas aceptan  pasivamente la situación que les impone la cúpula de los poderosos, cosa que no podría ser si no aceptaran la cosmovisión de aquella clase dirigente. Si no aceptaran que los pobres deben tratar de superarse dentro de las posibilidades (si existieran) que el sistema les da, o que siempre habrán ricos y pobres o que el capital debe seguir siendo una fuerza social en manos privadas, no habría tal consenso. Entonces la hegemonía es necesariamente una generalización de lo particular: de una cosmovisión particular.

Esa batalla cultural, ideológica, política, de significantes, psicológica, jurídica y filosófica es lo que Gramsci llamó la guerra de posiciones. Si la clase obrera avanza en la lucha y pudiera en un futuro romper con el bipartidismo y hacer que un frente popular subiera al poder (tomara el Estado como trinchera avanzada de la sociedad civil que es) entonces Chile cambiaría.

Chile cambiaría y dejará de ser un bastión del Nuevo Orden Mundial en América, como es por tener políticas neo-liberales.

La Nueva Mayoría no es ese frente, pero entendemos que puede ser, de sus luchas internas, la cuna dialéctica de la cual pueda nacer una representación de movimientos sociales, que los llame, les abra el juego, los meta en la cancha y se conforme el Frente que queremos. Y entendemos que el PC, está llamado a ser el partido avanzado de vanguardia que por destino tiene la misión de dirigir el Frente en un futuro, esperemos que cercano.

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